
LAS ORCAS.
Por: Gurka el Delfín.
El día había empezado muy temprano para Dresan, antes que el sol asomara detrás de los altos cerros costeros del lugar donde el vive. El mar, había golpeado toda la noche, producto de una pequeña marejada, lo que era bueno para el, ya que significaba que por la mañana, encontraría muchas algas marinas varadas en la orilla de la playa.
Ese día, la recolección de algas fue muy buena, logro juntar más de mil doscientos kilos de algas húmedas, claro que le llevo casi el día completo hacerlo, ya que es un trabajo muy duro.
Al finalizar con su trabajo, ya casi estaba próximo el atardecer, y como había sido un caluroso día de verano, se encontraba muy acalorado y lleno de arenilla de playa y restos de algas, así que decidió tirarse al mar y nadar hacia una pequeña balsa que esta a unos ciento cincuenta metros de la orilla de la playa.
El agua del mar estaba fría y refrescante, Dresan comenzó a nadar muy tranquilo hacia la balsa y cuando iba más o menos a la mitad del trayecto, escucho un fuerte grito, era un grito de terror, pero no era un grito humano, era de un lobo marino, de un enorme macho que vive en el lugar.
Dresan, sorprendido por el grito, se detuvo y miro hacia donde este provenía, y observo que el gran lobo marino, saltaba velozmente desde el mar hacia los altos de un pequeño islote hacia el norte de la bahía. El gran macho, rápidamente subió hacia la parte más alta de este y miraba con terror hacia el mar.
Dresan no entendía lo que ocurría, cuando de repente observo, que alrededor del islote se apreciaba una gran aleta negra, que sobresalía de la superficie del mar, inmediatamente pensó que seria un gran tiburón blanco, los cuales son muy raros en esta zona, pero se han visto algunos, así que sin pensarlo, comenzó a nadar rápidamente a la balsa, y al mirar hacia el islote, vio que la aleta ahora lo seguía a el.
La aleta avanzaba rápidamente, Dresan nadaba lo más rápido que podía hacia la balsa, al llegar, prácticamente salto del mar hacia el centro de ella, ahí quedo tirado viendo como la negra aleta se acercaba, comenzó a darse cuenta que era demasiado grande para ser de un tiburón, cuando de repente se asoma la cabeza y para su sorpresa, vio que era una Orca, las llamadas ballenas asesinas.
La ballena comenzó a nadar alrededor de la balsa, lo que originaba pequeñas olas que hacían que la balsa se moviera de lado a lado, lo que obligaba a Dresan a sujetarse fuertemente a las tablas para evitar resbalar y caer al mar, donde estaría ha total merced de la ballena. Aunque sabia, que si la ballena lo quisiera, fácilmente saltaría sobre la balsa y lo podría atrapar.
Al cabo de un rato, la ballena se detuvo y miraba fijamente a Dresan, resoplaba y mostraba su roja boca rodeada de filosos dientes blancos, su negra piel, relucía, brillaba a la luz del sol del atardecer, se veía tan suave como la pintura de un auto nuevo. Sus negros ojos miraban como analizando lo que veia, determinando si esa criatura sobre la balsa era peligrosa o no, si era una presa o no, Dresan ,solo sabía que detrás de esa mirada había una inteligencia que lo estaba midiendo.
La ballena emitió un fuerte gemido, y sin saber de donde, apareció otra ballena, pero esta era mas chica, bastante mas pequeña, parecía que era una cria de orca, la que llego rápidamente y trataba de saltar fuera del agua, emitía muchos chillidos, que daba la impresión de ser como un niño pequeño jugando.
La pequeña Orca se acerco a la orilla de la balsa, saco su cabeza y miraba con curiosidad a Dresan , emitía unos chillidos tranquilizadores, de tal forma que el temor inicial se había transformado en curiosidad de ambas partes,
Vencido el temor, Dresan se acerco a la orilla de la balsa, extendió su mano y toco la suave y húmeda piel de la pequeña Orca, esta gimio como cuando un gato ronronea al acariciarlo, así estuvieron un rato, bajo la atenta mirada de la Orca madre, la cual al cabo de unos minutos, avanzo hacia la balsa y empujo a la pequeña hacia adentro, provocando una ola que hizo perder el equilibrio a Dresan cayendo este al mar, nuevamente el miedo invadió a Dresan, pero las orcas siguieron su nadar hacia mar adentro.
Dresan, se subió a la balsa, y desde ahí observo como la madre y su cría, nadaban hacia el sol poniente, en eso, la Orca mayor, pego un gran salto, que fue espectacular al girar en el aire y contrastar su negra y brilloso figura con el rojo disco solar en el horizonte, fue su manera de despedirse de este efímero amigo, en un solitario lugar, donde siempre ocurren hechos extraordinarios, pero jamás hay testigos para verlos.
